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Contratos no tan inteligentes

Desde hace algunos años se ha hecho popular la expresión contratos inteligentes, o su versión en inglés smart contracts, sobre todo muy vinculada al ámbito tecnológico, que es de donde surge, pero ahora ya presente en otros espacios debido a su gran potencial.

Las primeras referencias que tuve de los contratos inteligentes fueron en relación a la tecnología blockchain, que es la que sustenta la estructura de criptomonedas como el Bitcoin. Hoy en día esta moneda virtual tiene mala fama por la especulación de la que es objeto, así como por su supuesto uso poco ético. Creo que ambas acusaciones son discutibles o, por lo menos, no exclusivas; a fin de cuentas, todo aquello que está en un mercado abierto puede sufrir los efectos de la oferta y la demanda; y dudo que exista alguna moneda física con la que no se hayan comprado drogas, armas, influencias… pero esto es tema para otro debate.

(más…)

IVA: régimen transitorio

money-718614_1920Hace mucho tiempo que el régimen transitorio de IVA está entre nosotros. De hecho, si no fuera por su nombre, todo nos haría pensar que es permanente. Sin embargo, su vocación era temporal, una solución efímera para dotar de un marco a las operaciones intracomunitarias.

Este año se ha puesto en marcha una novedad legislativa que me ha hecho pensar sobre el régimen y cuál puede ser su futuro. He volcado mis reflexiones en un artículo al que se puede acceder pinchando en el link de abajo. Me parecía un texto demasiado largo como para un post, así que lo he publicado en Slideshare.

Se puede acceder al artículo pinchando aquí.

Combatir la morosidad con la práctica comercial (2 de 2)

container-port-284429_1920Propuesta: observar las condiciones comerciales en que se acuerda la transacción.

En el ámbito del comercio internacional está muy extendida la utilización de los Incoterms[1] como herramienta básica para establecer las condiciones en que se desarrollan las operaciones de compraventa de mercancías. A grandes rasgos, las diferentes reglas que constituyen los Incoterms (11 en la vigente versión de 2010), indican con claridad qué derechos y responsabilidades tienen comprador y vendedor en cada una de las fases que componen el proceso de venta y transporte de los bienes. Así, cada una de las reglas precisa de qué transportes se hacen cargo las partes, quién se encarga de la documentación de exportación, si la hubiera, o en quién recae la contratación de los seguros, entre otros aspectos.

Por tanto, estamos ante un instrumento generalmente aceptado en las operaciones entre empresas, que puede ser utilizado para determinar claramente el momento de la recepción de los bienes. ¿Cómo? El planteamiento es sencillo, y parte de la idea de que cuando se produce la transferencia de la responsabilidad del envío desde el vendedor al comprador, es cuando también se entiende efectuada la recepción de la mercancía. Es decir, una vez que el vendedor, de acuerdo con el Incoterm que guía la operación, ha realizado la plena entrega de las mercancías, las mismas pasan a disposición del comprador, y se pone en marcha el contador del plazo de pago y del plazo de comprobación, si lo hubiera. Todo ello sin menoscabo, claro está, de que el vendedor haya cumplido con el resto de obligaciones contractuales y legales.

Al contrario que la normativa, no considero que la factura, y su recepción por el comprador, tenga por sí misma fuerza suficiente para fijar la fecha límite de pago. Lo realmente importante es cómo se produce la operación (el fondo) y no tanto cómo que se documente (las formas).

Supongamos una operación de venta de mercancías por parte de un vendedor situado en Málaga a un comprador ubicado en Frankfurt. Los términos contractuales establecen que la forma de entrega sea EXW-en fábrica. Esto supone que la entrega de las mercancías se habrá realizado cuando aquellas se ponen a disposición del comprador en las propias instalaciones del vendedor. Por tanto, si el transporte entre origen y destino se realiza en cuatro días, y si nos guiamos por la propuesta más arriba expuesta, la recepción por parte del comprador se entenderá realizada no cuando recibe las mercancías en Frankfurt al cuarto día, sino en el momento en que ya estaban a su disposición en Málaga. Es ese el punto a partir del cual se empezará a contar el plazo de pago, sin prestar tanta atención a lo que diga la factura. Los cuatro días de este ejemplo pueden parecer irrelevantes, pero pensemos cómo el asunto adquiere importancia cuando hay implicados desplazamientos más complejos y prolongados.

En otro caso, un vendedor italiano vende a un comprador ubicado en Barcelona una mercancía que viene desde China. Contractualmente se determina que haya 30 días para verificar la mercancía, transcurridos los cuales se establecen 30 días adicionales para la realización del pago. Es decir, un plazo de pago de 60 días desde la recepción de la mercancía. La entrega de la mercancía se gestiona de acuerdo con el Incoterm FOB-Shanghái, lo que significa que el vendedor habrá cumplido su parte y transferido la responsabilidad del envío en el momento en que la mercancía es entregada a bordo del buque designado por el comprador. La expedición hasta destino requiere de 20 días (suponiendo que la misma se realiza de forma inmediata al embarque). La práctica habitual diría que el pago se debe realizar 60 días después de que el comprador reciba la mercancía en Barcelona. Pero si utilizamos las condiciones comerciales para determinar la recepción por parte del vendedor, estableceremos que aquella se produjo cuando se embarcó la mercancía en Shanghái. Esto significa que los 20 días de transporte no se añaden a los plazos acordados, sino que se descuentan. De esta manera el contador del plazo de verificación se pone en marcha con el embarque, y, si la comprobación de la mercancía se realiza cuando llega a su destino, el comprador dispondrá de 10 días para ello, además de los otros 30 días adicionales para realizar el pago. El cuadro 1 nos permite visualizar el flujo de la operación en este ejemplo.

FOB Shanghái

Reflexiones finales.

La principal ventaja que encontramos al utilizar los Incoterms como herramienta para fijar la fecha de pago, es que las operaciones de transporte están muy documentadas. En la actualidad, para la mayoría de los envíos, es posible saber en qué fase del tránsito se encuentra. Por tanto, puede resultar relativamente fácil comprobar y determinar en qué momento el vendedor cumple con sus obligaciones, se transfiere la responsabilidad y el comprador recepciona la mercancía.

El inconveniente más destacado es que, si bien los Incoterms son muy utilizados en las transacciones internacionales, su frecuencia de uso en el ámbito doméstico es muy reducida. Y seguramente esto es así porque la operativa es más sencilla cuando no se traspasan las fronteras. Pero utilizar un instrumento que delimite claramente los derechos y responsabilidades de vendedor y comprador no solo tiene un efecto positivo en el acortamiento del plazo de pago efectivo, y por extensión, en la lucha contra la morosidad; también estaremos dando mayor seguridad jurídica a la operación de compraventa.

En definitiva, la práctica comercial nos puede servir para cubrir los vacíos que deja la normativa de lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales. Seguramente surjan reticencias a la puesta en marcha de una iniciativa de estas características, pero debiéramos preguntarnos si esas reticencias no son en realidad la misma negativa mostrada contra las propuestas en lo relativo al acortamiento de los plazos de pago o a la eliminación de los acuerdos entre las partes. Esto es, resistencia a cualquier cambio que afecte a situaciones de privilegio y dominio.

(Se puede consultar el artículo completo, pinchando aquí).

 


[1] Incoterms es una marca registrada por la Cámara de Comercio Internacional (www.iccwbo.org).

 

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